"Llegaron a ser conocidos como trabajadores duros con una feroz racha de independencia."
Tomado de: https://quehistoria.com/america/colombia/medellin/
Después de pasar de ser Villa a convertirse en ciudad en 1813 por su gran importancia comercial y económica debido a su ubicación geográfica, comienza a ser relevante la arquitectura, las artes y las letras.
Nombrada como capital del departamento en 1826 comienza su verdadera evolución.
Llega el siglo XX y en su primera mitad, Medellín se convierte en el centro de poder político, económico y se ve con plenitud el gran espíritu emprendedor de la ciudad antioqueña y sus habitantes.
Entre una y otra historia contada por el abuelo, siempre estaban en su memoria la estación del Ferrocarril de Antioquia, las iglesias La Candelaria y La Veracruz, los edificios Vásquez y Carré y el Parque Berrío, cuando él llegaba del norte de Antioquia a comprar un tiquete para llegar a Cisneros donde su tío Elias.
Otras historias nos inspiran como las que cuenta Elvira, una mujer muy inteligente, adelantada a su época y que con dificultades estudiaría en la Normal de señoritas de Medellín, atravesando lo que es hoy la avenida san Juan para llegar al claustro donde le enseñarían aquellas tantas cosas para ser una gran mujer de casa.
Nos inspira Román Arroyave tejedor de Fabricato, Hernán Herrera un topógrafo empírico que ayudó al desarrollo de la infraestructura vial de Antioquia en caminos vecinales y aportando en el diseño de carreteras., Mario Lobo doctor en genética y fisiología (dio un gran aporte a la sociedad colombiana con la primera variedad del “Lulo La Selva”, obtenida a través de un proceso de domesticación mediante hibridación interespecífica y con el enriquecimiento de la base genética del tomate de árbol) tomado de: https://agriculturayganaderia.com/el-legado-de-un-grande-de-la- ciencia-para-el-sector-agropecuario/
Y también nos inspira Guillermo Calle médico gerente de Concaja, Margarita Guzmán maestra, Hugo Arias auditor de empresas públicas de Medellín, Antonio Quintero ingeniero químico y decano de la UPB, Raúl Henao honorable miembro de la policía nacional, Silvia Muñoz traductora, Wilson Castiblanco maestro de matemáticas del Instituto Popular de Cultura ahora llamado ITM (Instituto Tecnológico Metropolitano), Inés Mejía madre de familia abnegada, Luis Fernando Ochoa empresario y nos sigue inspirando todos aquellos que vivieron y viven en Reloj de Arena.
¡Yo le pido a Dios que no me quite mi memoria! Esas eran las palabras del abuelo y hoy este lugar que cuida con amor, responsabilidad, humanidad, calidad y compromiso a quienes su memoria le falló, quiere sin lugar a dudas, conservar los recuerdos; recuerdos de esa dignidad, de lo que fueron y seguirán siendo, de una ciudad y un departamento que fueron recorridos por ellos y por sus familias, cargados de historia, cargados de emociones y de trabajo incansable.
Por fin, un lugar que evoca a esa Medellín de los años 60 que mezcla tantos estilos como gente, es Reloj de Arena. Con todas esas reminiscencias se hace que las fotografías, los muebles aterciopelados, las lámparas de cristal y el café que no puede faltar les recuerde las tertulias en el Málaga, Versalles y el Astor, acompañados por una caminata en Junín, atravesando el parque Bolívar y por fin llegar a esa enorme Catedral de estilo neorománico que es la Metropolitana.
Un Reloj de Arena que no es un asilo de viejitos, un Reloj de Arena que se levantó como se levantaron aquellos empresarios de la época, a pulso, con trabajo duro, con dedicación, por querer ser el mejor e izar la bandera como lo hace el edificio Coltejer, símbolo de la ciudad pujante.