Somos especialistas en la atención y cuidado de pacientes con demencia · Medellín, Colombia

No basta con cuidar: debemos hacer algo para prevenir que muchos otros padezcan una demencia.

Adultos mayores realizan ejercicios con caminador y aros durante la terapia física

Después de muchos años de estudio, observación y aprendizaje sobre el cuidado de los adultos que padecen algún tipo de demencia —generalmente asociada a enfermedades neurodegenerativas—, comprendemos que todavía enfrentamos un gran desafío como sociedad: la falta de conocimiento, empatía y sensibilidad frente al tema. Esta ignorancia ha contribuido a la estigmatización y exclusión de las personas con demencia, como si ya no hubiera nada que hacer por ellas.

Sin embargo, lo cierto es que la historia de una demencia comienza hasta veinte años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Sin darnos cuenta, vamos construyendo el camino hacia ella desde nuestras decisiones cotidianas, nuestras emociones no resueltas y nuestros hábitos poco saludables. Tristemente, no nos hemos detenido a entender lo que ocurre en nuestro cerebro a lo largo de la vida. Aún hoy, muchas personas creen que estar «loco» es algo propio de la vejez, sin saber que este término, tan despectivo, viene del castellano antiguo y significaba “quien ha perdido el juicio, quien actúa irracionalmente”; la realidad es otra, la vejez puede ser una etapa exitosa, activa y con buena salud física y mental, siempre que la hayamos preparado a lo largo de la vida. La clave está en los hábitos. Si bien es cierto que la genética influye en un 10 y 15 % el otro 85 y 90% depende de nuestras decisiones. La genética aporta susceptibilidad, pero estilo de vida, el entorno, el nivel educativo, los traumas, el estrés crónico, la nutrición, la actividad física y las enfermedades no transmisibles tienen un peso igual o incluso mayor.

El cerebro como eje de la vida

Es hora de reconocer que el cerebro —más que el corazón, más que cualquier otro órgano— es el motor de nuestra vida. En la Antigua Grecia debatían cuál órgano era más importante. Hoy sabemos que el corazón puede ser reemplazado por un trasplante o un dispositivo artificial. El cerebro, en cambio, sigue siendo irremplazable. Es la máquina más perfecta jamás creada: capaz de inventar otras máquinas, de procesar emociones, pensamientos, lenguaje y memoria y paradójicamente, aún no lo cuidamos como merece.

La demencia como desafío de salud pública

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe Situación mundial de la respuesta de salud pública a la demencia¹, advierte que:

“En 2019 había 55,2 millones de personas con demencia en el mundo. Se estima que para 2030 serán 78 millones y en 2050 alcanzarán los 139 millones.”

¿Qué está provocando este aumento? La respuesta es clara: las enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, respiratorias crónicas, la diabetes, entre otras. Todas están íntimamente relacionadas con factores como la mala alimentación, el sedentarismo, el consumo de alcohol, el tabaquismo, las drogas, la contaminación ambiental y también, las secuelas emocionales de traumas en la infancia.

Conciencia y prevención

Lejos de querer generar angustia, mi intención es invitar a la conciencia. Por ejemplo, cuando se sufre un accidente cerebrovascular (ACV)2, el cerebro se ve afectado de inmediato y, si no se atiende adecuadamente, puede iniciar el proceso de una demencia vascular. La Clínica Mayo, en su sitio web, tiene una publicación muy clara sobre el tema que recomiendo leer: «Accidente cerebrovascular».

La alcancía de los hábitos

Para entender mejor esta realidad, pensemos en una alcancía que llenamos poco a poco:
Desde la infancia hemos sido mimados con la comida. Recordamos aquellas mesas típicas antioqueñas llenas de papas fritas, carnes fritas, dulces, frijoles con manteca, migado con parva, leche hervida con nata y arepa. Hoy en día, esa tradición ha mutado a hamburguesas, gaseosas, platanitos de paquete, helados dobles con chantillí…

No se trata de satanizar la comida —porque también es cultura y memoria—, sino de entender que los excesos, la falta de verduras, frutas y la inactividad física acumulada nos pasan factura.

Los hábitos insanos van obstruyendo arterias, afectando la circulación y el funcionamiento cerebral. Como en el ejemplo del ACV, muchas enfermedades no transmisibles tienen origen en nuestras prácticas diarias, ¡y sí, podemos hacer algo para prevenirlo!

¿Estamos condenados a una demencia?

Entonces, ¿estamos condenados al síndrome demencial mayor? La respuesta es no.
Depende de nuestra actitud frente a la salud física y mental. Se debe comenzar a revisar el estilo de vida, haciendo pequeños cambios en los hábitos diarios. También ejercitar las funciones ejecutivas es importante: la memoria, el razonamiento, la planificación, la organización, la flexibilidad mental… Habilidades que, según la neurociencia, estimulan nuevas conexiones neuronales, sinapsis y neurogénesis.

Educación y reserva cognitiva

Tampoco podemos olvidar el papel de la educación y la trayectoria vital. La infancia, la juventud, la formación académica y social, son clave para desarrollar lo que hoy se llama “reserva cognitiva”: esa red de aprendizajes y recuerdos que el cerebro ha almacenado y que pueden retrasar el deterioro.

La memoria y sus señales

La memoria, una de nuestras funciones más preciadas, es el proceso de registrar, almacenar y evocar información. La pérdida de memoria no siempre es una señal de alarma. Olvidar dónde dejamos las llaves es normal cuando estamos distraídos. Preocupémonos, más bien, cuando la memoria de trabajo, la semántica, la episódica o la procedimental empiezan a fallar.

Un llamado a la acción

Aún hay mucho por aprender, pero también mucho por enseñar.
Es momento de actuar, de cuidarnos y cuidar a los demás. No podemos esperar que otros lo hagan por nosotros. Siendo conscientes, tenemos la responsabilidad de sembrar una cultura del cuidado cerebral, desde el autocuidado hasta la prevención, desde la empatía hasta la transformación de prácticas.

No basta con cuidar. Debemos prevenir.

Referencias

  1. Informe sobre la situación mundial de la respuesta de la salud pública a la demencia. Disponible en: https://acortar.link/s8AenQ ↩︎
  2. Enfermedades cardiovasculares. (s/f). Who.int. Recuperado el 11 de junio de 2025, de https://acortar.link/yaZ4l8 ↩︎