En Centro Reloj de Arena vivimos de cerca las realidades que enfrentan las personas con enfermedades neurodegenerativas y sus familias. Esa experiencia nos ha permitido identificar un desafío que cada día se hace más evidente: la crisis de cuidadores. Cada vez es más difícil encontrar profesionales con la preparación, el compromiso y la vocación que este trabajo exige. En este artículo, María Isabel Tamayo Lopera, gerente de Centro Reloj de Arena, comparte una reflexión sobre esta problemática y abre una conversación que nos involucra a todos.
¡TENEMOS UN GRAN PROBLEMA!
Qué difícil es encontrar colaboradores que quieran de verdad hacer su trabajo con responsabilidad, profesionalismo, vocación y amor por su profesión.
Hoy quiero hablar desde la experiencia como maestra, pero también como empresaria, dedicada durante los últimos 15 años a la labor de cuidar a otros en el Centro Reloj de Arena.
La fragilidad humana es un tema que quizás dejamos pasar de lado porque hoy gozamos de una vida cargada de energía, salud, belleza, sueños, amores y metas; pero otra cosa es ver a aquellos que ya pasaron esta etapa y se encuentran en la etapa más adulta de su vida, enfrentando la realidad de la pérdida de independencia.
La vejez los ha sorprendido con la enfermedad, y no una enfermedad común como la presión alta, el colesterol elevado, un poco de diabetes o un dolor de rodilla. Esto es mucho peor: una enfermedad neurodegenerativa que se apoderó de su cerebro y hace que, cada día, los recuerdos se vuelvan más difusos y, al mismo tiempo, dolorosos. Y es aquí donde comienza el problema.
Tenemos una crisis de cuidadores. ¿Qué significa esto? Que no tenemos suficientes cuidadores capacitados, competentes y con vocación.
Ahora los jóvenes, en su gran mayoría, que estudian una técnica en enfermería lo hacen porque no tienen otra opción: fueron acreedores a becas y es lo único que tienen para lograr un empleo con mejores condiciones o, en su defecto, estudian con mucho sacrificio, pero olvidando la vocación y el proyecto de vida.
Otro problema latente está en los currículos. Las instituciones de educación para el trabajo y el desarrollo humano simplemente buscan tener más clientes. Para nadie es un secreto que la educación también es un negocio. Se nos ha olvidado formar para servir. Aprender conceptos se ha vuelto lo más importante, pero la empatía, el buen trato, el lenguaje cortés y la calidez con el otro no ocupan un lugar importante en la formación.
Hace un tiempo escuché una frase que me llamó mucho la atención: “Lo que natura no da, Salamanca no proporciona”. Qué realidad tan cruda. Lo que la familia no enseñó al niño —principios, valores y disciplina— la universidad no lo puede dar. ¡Es que ser buena persona viene pegado al pañal!
No puedo generalizar y quiero ser respetuosa con aquellos profesionales que sí hacen bien su tarea; pero lo que la experiencia me ha mostrado es el común denominador: auxiliares de enfermería sin vocación, duros en su lenguaje y sin manejo técnico de las competencias que debieron haber aprendido muy bien. Existe un grave problema para seguir instrucciones, ejecutar los protocolos y respetar la norma. Se les ha olvidado que un profesional de la salud está dispuesto a ayudar en la emergencia, a aliviar el dolor y a hacer más llevadera la enfermedad.
Se tiene un gran vacío para cuidar de forma integral. Piensan que solo cambiar un pañal, bañar, sentar a ver televisión y dar comida es la tarea.
La famosa frase “es que no tiene sentido común” es una realidad. Lo que es obvio para una persona no lo es para otra y, quizás, el sentido común es, sin lugar a dudas, la habilidad que menos se encuentra, porque tener sentido común es una capacidad natural que permite tomar decisiones y actuar de forma lógica y con prudencia a la hora de resolver un problema o enfrentar una situación.
Finalmente, y para no alargarme más, el adulto que hoy perdió su autonomía está a merced de este cuidador para que cubra sus necesidades básicas. Pero ¿cómo cubrir las necesidades del ser? También se necesita recibir afecto, escuchar una palabra bonita y tierna, un abrazo, una mirada con dulzura, una sonrisa con empatía y un cuidado con misericordia.
¿Qué más podemos hacer para salir de este problema? La respuesta no la sé; me quedo corta. Estamos enfrentando un verdadero problema porque la población está envejeciendo cada vez más y no tendremos quién nos cuide, ni a usted que está leyendo este texto ni a mí, que hoy lo escribí.
Frente a la crisis de cuidadores, la respuesta también está en la formación
En Centro Reloj de Arena creemos que cuidar va mucho más allá de atender las necesidades físicas de una persona. El cuidado digno requiere conocimiento, protocolos, empatía y un profundo respeto por la historia de vida de cada ser humano.
Por eso, además de acompañar diariamente a personas con enfermedades neurodegenerativas y a sus familias, impulsamos espacios de formación, educación y sensibilización que promueven una cultura del cuidado más humana y consciente.
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