Somos especialistas en la atención y cuidado de pacientes con demencia · Medellín, Colombia

No existe la “demencia senil”

Cuidadoras conversan con una residente sonriente

En el lenguaje cotidiano es frecuente escuchar expresiones que asocian el envejecimiento con la pérdida de memoria. Sin embargo, hoy la medicina nos invita a comprender mejor estos procesos y a usar términos más precisos.

Una expresión común, pero equivocada

“¡Pedro! Imagínate que el vecino tiene demencia senil.”
“¡Sí! Ay, Carlota… es que el señor, ya con 80 años, ¿qué más le vamos a pedir a la vida?”

Son expresiones que comúnmente se escuchan. Se trata de un término que en la medicina contemporánea ya fue reevaluado, pero que muchas personas siguen utilizando para describir a un adulto con pérdida de memoria, desorientado en tiempo y espacio, y que, erróneamente, ha sido etiquetado como “loco”.

El origen del término “senil”

El término senil, una palabra que proviene del latín senilis y que significa “relativo a los ancianos”, se ha popularizado a través del tiempo. Sin embargo, hoy es responsabilidad del sector salud enseñar sobre la evolución de las enfermedades, especialmente aquellas que generan pérdida de memoria a corto plazo y deterioro de las funciones cognitivas superiores.

La verdadera causa del deterioro cognitivo

Ser viejo no es igual a perder la memoria. Son las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson, la demencia frontotemporal, la demencia vascular o la demencia por cuerpos de Lewy las que pueden desencadenar el síndrome demencial mayor; esto, en palabras más sencillas, es lo que conocemos como demencia.

¿Qué ocurre en la demencia?

Un adulto con síndrome demencial mayor presenta una pérdida progresiva de la memoria, debido a la alteración de los procesos mentales que permiten adquirir, procesar, almacenar y aplicar el conocimiento. También se ve afectada la conciencia del autocuidado, la autopercepción, el autocontrol y el autorreconocimiento.

Factores de riesgo que sí podemos modificar

Es importante enfatizar que, como resultado de factores de riesgo modificables —como el bajo nivel educativo, el sedentarismo, el tabaquismo, una dieta poco saludable, el aislamiento social, la depresión, la hipertensión, la diabetes y la obesidad—, se puede llegar a desarrollar, con el paso de los años, una enfermedad neurodegenerativa.

Una tarea de todos

Finalmente, es fundamental ser más conscientes de los hábitos de vida saludable. Hablar de una nueva longevidad, enmarcada en una buena salud, que permita una vejez activa y digna, es una tarea de todos. Y para que esto sea posible, es necesario comenzar desde edades tempranas, enseñando a niños, niñas, adolescentes y jóvenes a cuidar su cuerpo y, especialmente, el órgano más importante: el cerebro.